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Mayo-Junio 2006
miércoles, 03 de mayo de 2006

Vivir, beber, llegó la primavera

Viñedos en el Valle del Aceniche (Bullas)Haciendo caso al refrán “beber y comer, son cosas que hay que hacer”, vamos a buscarnos la vida en las tierras de Paralelo 40 para ponernos al día en turismo gastronómico.

En lo que al vino se refiere, si queremos caldos con denominación de origen hemos de irnos en primer lugar a Bullas, (que recibe el calificativo de "madre del vino"), una zona montañosa al noroeste de Murcia, donde la vid es uno de los principales cultivos de la comarca. El hallazgo en el yacimiento romano de Los Cantos de Bullas de una escultura del dios del vino Baco sosteniendo un racimo de uvas, pone de manifiesto la antigüedad del cultivo de la vid en estas tierras que con la variedad Monastrell han conseguido sacar a la luz unos vinos con personalidad que colocan a Bullas como una joven Denominación de Origen (se inició en 1994) con un futuro reconocido y un lugar propio en el conjunto de regiones vitivinícolas españolas. Las otras variedades utilizadas son la Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot y Garnacha para los tintos y rosados (elaborados como mínimo con un 60% de Monastrell) y Macabeo y Airen para los blancos.

Dos de las bodegas de elaboración y embotellado que han solicitado el registro en la sección correspondiente son: la Cooperativa Nuestra Señora del Rosario, galardonada con El Manojo de Oro por su tinto crianza Las Reñas 95, y Bodega Balcona, bodega familiar con una producción limitada de 50.000 botellas y de la que dos de sus vinos Partal fueron seleccionados entre los doce mejores de Murcia.

Pimiento rellenos preparados por el Restaurante El SolUna vez conseguidos los vinos y para comer en la zona, Cehegín tiene el Restaurante El Sol, funcionando desde hace casi 70 años, curiosa mezcla entre los fogones más clásicos heredados de sus ancestros y la moderna cocina murciana. Vamos, que se puede pedir desde una perdiz en escabeche hasta lubina a la sal.

Con treinta años de oficio, en los Baños de Mula está el Restaurante Gini, donde se mezcla la huerta y la caza, ofreciendo los platos de la zona con el peculiar sabor de su horno de leña.

Siguiendo nuestro recorrido por los caldos con D.O. en Paralelo 40  y apoyándonos de nuevo en el refranero que mantiene que “beber con medida alarga la vida”, hacemos lo propio acercándonos a La Manchuela conquense cuyos viñedos, “situados a una altura media de entre 600 y 700 metros sobre el nivel del mar, reciben en las noches estivales los vientos frescos y húmedos que proceden del Mediterráneo. Ello provoca que el diferencial térmico durante el período de maduración de la uva sea bastante elevado, circunstancia que favorece la formación de polifenoles, haciendo de esta comarca una zona vitícola muy idónea para el cultivo de las variedades tintas”. Tienen la D.O desde 1966, pero se ha ido reordenando y renovando hasta finalizar en el 2000 con la denominación Manchuela. Estos vinos únicamente podrán ser obtenidos a partir de uvas de las variedades: Albillo, Chardonnay, Macabeo y Sauvignon Blanc en las blancas; y Bobal, Cabernet Sauvignon, Cencibel o Tempranillo, Garnacha y Merlot en las tintas.

Así nos tropezamos en Casas de Guijarro con la Cooperativa Dulce Nombre de Jesús, que elabora y embotella y donde se vende al detalle, y con San Ginés S.C.L. en la localidad de Casas de Benítez.

Para comer nos podemos acercar a Motilla del Palancar, donde en el galardonado Hotel Restaurante Seto cataremos la nueva cocina manchega. Otra opción interesante está en Iniesta: en el Hotel Restaurante Los Cañas debemos probar el famoso conejo a la teja.

Feliz recorrido gastronómico, amigos. Si os dejáis guiar, habréis aprendido, comido y bebido. Y vuestras serán las bienaventuranzas, sobre todo aquélla que reza (si nos permitis la licencia nada poética): bienaventurados los borrachos, porque ellos verán a Dios dos veces.