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Julio-Agosto 2003
martes, 01 de julio de 2003

Turismo de experiencias

Las cosas están cambiando en el sector turístico. Nuevos conceptos se abren paso obligando a los agentes implicados a introducir paulatinamente formas de turismo alternativas que respondan a las nuevas necesidades y expectativas de los clientes. Se está produciendo un cambio en la actitud y en los intereses del turista, que demanda un cambio tanto en las estrategias de marketing como en el diseño de los productos.
El viajero ya no es el individuo que se limita a pasear con su cámara en bandolera, retratando y grabando aquello que ve, para rellenar álbumes de fotos y cintas de vídeo que luego quedan relegados a rincones de sus estanterías. El turista actual busca ante todo experiencias. Quiere integrarse en el lugar que ha elegido como destino y que sus viajes sean una forma de enriquecer su vida.
Hay un creciente rechazo a la concepción tradicional que mantiene a los turistas confinados en impersonales hoteles y con toda una red de instalaciones que crean un clima artificial, confortable desde luego, pero artificial al fin y al cabo. En una oferta tradicional, pocas diferencias puede encontrar un turista normal entre la República Dominicana y la Riviera Maya o entre el País Vasco y la Bretaña francesa.
La gente ya no busca tanto la comodidad como la aventura, y está dispuesta a pagar por ella. Existe una creciente atracción por aquello que se sale de lo convencional, de la norma, de lo típico, por buscar nuevos y originales destinos.
El mundo rural, con sus muchas peculiaridades y rincones vírgenes, tiene mucho que decir al respecto. Al turista medio ya no le atrae tanto tumbarse durante horas en una playa de Benidorm como tirarse en una balsa de rafting corriente abajo por las aguas revueltas de algún río perdido entre montañas, o darse un paseo a caballo por alguna antigua cañada de la Mesta castellana.
Como conclusión general podría decirse que a partir de ahora todos aquellos agentes implicados en el sector turístico deberán prestar más atención a la psicología del viajero, cambiando y adaptando sus propuestas en función de lo que éste está buscando realmente, con el fin de satisfacer plenamente sus expectativas, en el sentido de ofrecer efectivamente un turismo de experiencias.